Ezreal el Explorador Pródigo – League of Legends

Ezreal el Explorador Pródigo – League of Legends

Nacido y criado en un barrio adinerado de Piltóver, Ezreal siempre fue un niño curioso. Sus padres eran arqueólogos reconocidos, por lo que se acostumbró a sus largas ausencias lejos del hogar familiar, fantaseando con frecuencia con unirse a ellos durante sus viajes. Amaba escuchar cuentos de grandes aventuras, y compartía su deseo por llenar los espacios en blanco de cada mapa.

Solía quedarse bajo el cuidado de su tío, el estimado Profesor Lymere. El profesor no disfrutaba el tener que reñir con un niño tan impulsivo y revoltoso, por lo que le asignó a los tutores más estrictos para que le enseñaran materias como cartografía avanzada, mecánicas hextech y las antiguas historias de Runaterra. Pero el chico tenía una increíble habilidad de absorber información y; por lo tanto, consideró el estudio como una pérdida de tiempo. Aprobaba las evaluaciones fácilmente, con poca o nula preparación, enfureciendo a su tío y procurándose más tiempo para deambular por los terrenos de la universidad. Ezreal disfrutaba evadir a los guardias del campus, navegando los túneles debajo de las aulas de clase con la misma soltura con la que recorría los techos de la biblioteca. Incluso practicó cómo forzar las cerraduras, escabulléndose a las oficinas de los profesores y reacomodando sus pertenencias como entretenimiento.

Cada vez que sus padres regresaban a Piltóver, particularmente su padre le narraba todo aquello que habían visto, así como sus planes para expediciones futuras; ninguna tan ambiciosa y secreta como la búsqueda de la tumba perdida de Ne’Zuk, un tirano de Shurima de quien se dice que podía saltar al instante de un lugar a otro. Si el padre de Ezreal lograba aprender cualquier tipo de brujería que utilizaba Ne’Zuk, bromeaba con que, adonde fuera que viajara, podría volver todas las noches a Piltóver para cenar con su hijo.

Mientras el niño crecía, el tiempo entre las visitas de sus padres se alargaba, hasta que un año no volvieron. Con lágrimas en los ojos, el Profesor Lymere admitió que lo más probable era que hubieran fallecido, en algún sitio del desierto.

Pero Ezreal se negaba a aceptarlo. Habían sido demasiado cautelosos en sus preparaciones. Tenían que estar allí afuera, en algún lugar

Al abandonar sus reticentes estudios, el nuevo explorador se aventuraría por cuenta propia. Sabía que, para encontrar a su madre y a su padre, tenía que comenzar por el lugar del descanso eterno de Ne’Zuk. Durante varias semanas, reunió provisiones de la universidad en secreto, entre ellas diagramas celestiales, traducciones de sellos rúnicos, guías sobre los ritos mortuorios de Shurima y un par de gafas protectoras. Tras dejarle una nota de despedida a su tío, se coló en un barco de mercancías con destino a Nashramae.

Siguiendo las meticulosas notas de campo de su madre, atravesó el Gran Sai con caravanas comerciales hacia el sur. Por varios meses, exploró las ruinas cavernosas debajo de las arenas movedizas, disfrutando la libertad de lo desconocido, enfrentando horrores inefables que custodiaban cámaras ocultas. Con cada paso, Ezreal se imaginaba a sí mismo siguiendo el camino de sus padres, acercándose cada vez más a la resolución del misterio de su desaparición.

Finalmente, consiguió aquello que ellos evidentemente no pudieron. Debajo del mausoleo más reciente de un emperador anónimo, descubrió la tumba de Ne’Zuk.

El gran sarcófago estaba vacío, excepto por un brillante guantelete de bronce, con una matriz resplandeciente y cristalina en su centro. Cuando Ezreal puso sus manos sobre el objeto, la tumba se puso en su contra, desplegando con ingenio trampas forjadas y pabellones colocados miles de años atrás. Sin pensarlo demasiado, se puso el guantelete y destruyó los bloqueos para salir de ahí; incluso se teletransportó los últimos cien metros hasta la entrada oculta antes de que toda la estructura se derrumbara en una nube de arena y polvo.

Respirando con dificultad, Ezreal miró el guantelete mientras tarareaba al unísono con su pulso. Sentía cómo se apropiaba y amplificaba su propia esencia. Se percató que esta era un arma temeraria de una era previa. Un arma apta para un dios guerrero de Shurima, así como la herramienta perfecta de un explorador.

Poco después de regresar a Piltóver, Ezreal se dio cuenta que saltaba de una aventura a otra. Desde ciudades perdidas hasta templos místicos, su olfato por la búsqueda de tesoros lo llevo a lugares que los profesores universitarios solo conocían a través de mapas, y su reputación comenzó a crecer. Naturalmente, en la mente de Ezreal, estas historias rara vez transmitían el verdadero alcance y la escala de sus hazañas… pero sí le daban al menos una idea. Si ganase la reputación como el mejor aventurero en el mundo, entonces sus padres seguramente regresarían y lo buscarían en persona.

Desde los indómitos límites de Noxus y Demacia, hasta las sórdidas profundidades de Zaun y las congeladas tierras salvajes del Fréljord, Ezreal persigue la fama y la gloria, revelando objetos hace mucho tiempo extraviados y resolviendo los acertijos de la historia. Mientras algunos pueden disputar los detalles de sus anécdotas o cuestionar sus métodos, él nunca responde a las críticas.

Después de todo, es obvio que están celosos.

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